La Blogocosa. El Blog de Fernando Checa
Estuvieron Aquí
05 enero, 2008
Día 5 de enero. Día de caos para los caóticos como el que suscribe. Para los que esperamos al último momento y para los que los regalos de Reyes acaban suponiendo una pesadilla del último momento. Aun así, siempre existe Internet. Y qué mejor que solucionar el regalo de mis queridos progenitores con un par de entradas para la ópera. Sí, ese espectáculo culto que mola regalar, aunque yo prefiera otro tipo de sonidos que no tienen nada que ver con dichos gorgoritos.

Tras revisar las diferentes opciones encuentro que La Traviata, la clásica ópera de Verdi, se representará la próxima semana en Madrid y que es posible hacer la compra on line a través de Entradas.com. Pues nada, en seguida está solucionado el problema y al menos mis queridos padres tendrán un regalo "de experiencia" de esos que tanto se llevan hoy.

Paseo y cañas. Y tras ellas parada en un cajero de Caja Madrid para imprimir las 2 entradas cuando surge el problema. El dispensador se queda sin tinta a mitad de impresión de la primera entrada, ticket que no llega ni a aparecer. Lo intento en otro cajero y sólo consigo imprimir una de ellas. La otra, supuestamente, ya está en mi poder.

Como no quiero ser el responsable de una crisis matrimonial, tras 40 años de feliz convivencia, mi tensión es horrible. Ummm, hay un teléfono, 902 para más señas, en el cajero. Rápida llamada con tres minutos de espera para recibir la contestación temida: "llame Ud. a esos señores y cuénteles el problema".

Segunda llamada, en este caso a los vendedores on line. Otros dos o tres minutos de espera y volver a contar lo mismo: "Mira, tengo una entrada pero he pagado 2. Las necesito para hoy. Mañana es Reyes, por favor, AYUDA". y ahí comienza la pesadilla: "pues no podemos hacer nada" "Váyase Ud. a la taquilla y proteste". "Resucite a Verdi y que le toque La Traviata en su casa" es lo que ha faltado para poner la guinda.

Nuevas llamadas, una, dos, tres, y hasta cuatro, a los estupendos 902, esos que un buen día se crearon para hacer compartir los costes entre la empresa y el cliente y, finalmente, tras protestas, amenazas con las plagas de Egipto y con quemarnos a lo bonzo frente a su sede, cinco horas después, ya tengo solucionado el problema y mi regalo de reyes a salvo en casa.

Ahora bien, ¿y si en vez de ser yo, y con la ayuda maravillosa de alguien que no deja que la pisen, hubieran sido mis padres? ¿6 llamadas a un 902? ¿Cabreos, gritos, una comida echada a perder? ¿Y todavía hablamos de web 2.0? Pues en el Comercio Electrónico seguimos en cuarto y mitad...

(Juro que pensaba publicar el nombre y apellidos del señor de entradas.com, que con una absoluta falta de comprensión y de tacto nos ha atendido. Pero dado que el espíritu de los magos de oriente me embarga, lo dejaré para ponerlo en la reclamación que pienso hacer en atencionalcliente@entradas.com. Afortunadamente en Caja Madrid me han vuelto a demostrar que la estulticia no tiene tanto que ver con las empresas sino con quienes trabajan a veces en ellas)

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Escrito por Fernando Checa García a las 10:14 p. m. |


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